¿Cómo sé si mi perro tiene cáncer?

Al ir envejeciendo nuestras mascotas es común encontrar en ellas cambios asociados a esta etapa de vida. Lamentablemente no todos los cambios pudieran ser considerados agradables como el ver el encanecimiento de la cara, el dormir más tiempo durante el día, etc. También, podemos llegar a ver cambios como la aparición de masas en la piel, muchas de ellas asociadas a quistes o tumores benignos, pero esta etapa de vida puede dar origen a la aparición de tumores malignos o cáncer. Lo más importante de inicio es poder decir que no todos los ejemplares gerontes van a padecer de algún tipo de cáncer, sin embargo si esto llegara a pasar, es importante tomar en consideración algunos hechos que pasan con las mascotas con cáncer.

De inicio se sabe que el cáncer se presenta cuando hay cambios o “mutaciones” en las células las cuales al final de cuentas van a multiplicarse “sin control”, además de que tienen como característica en muchas ocasiones evitar a los mecanismos de defensa del organismo lo cual favorece que algunos de ellos puedan diseminarse por todo el organismo y crecer en tejidos distintos a los que le dieron origen, este proceso se llama metástasis.

Existen dos grandes familias de tumores malignos y se debe al tipo de origen celular embrionario que le da origen:

1) Los tumores epiteliales, es decir los que crecen en las glándulas o en los conductos de las glándulas en nuestras mascotas. Es uno de los más importantes en las hembras son los tumores de glándula mamaria, pero que puede verse disminuido en presentación al realizar una esterilización temprana, es decir antes del primer celo de nuestras mascotas, en el caso de los machos uno de los tumores epiteliales incluyen el que se origina en la próstata, muy similar al que sucede en los humanos y que también ve su presentación disminuida gracias a la esterilización.

2) Los tumores de origen mesenquimatoso. De aquí provienen los tumores más agresivos y de crecimiento rápido como los de hueso (osteosarcoma), de tejido fibroso (fibrosarcoma) entre otros. El cáncer o tumor maligno más común en nuestros compañeros específicamente en el perro es el linfoma o cáncer del sistema inmune y que afecta a unas células llamadas linfocitos.

Pero ¿cómo sé que mi mascota tiene cáncer? Generalmente lo primero que apreciamos es lo que llamamos síndromes paraneoplásicos, es decir son signos o un conjunto de signos que aparecen en ocasiones antes de darnos cuenta de que tenemos un ejemplar con cáncer; entre los diferentes signos están el dejar de comer, orinar de más, tomar más agua, presentar fiebre intermitente, tener sangrados o hematomas sin evidencia de un golpe, pérdida de peso. Afortunadamente no por tener estos signos se considera de inmediato que tenemos una mascota con cáncer, pero sí es motivo suficiente para llevar a nuestro perro con el médico veterinario para su revisión y diagnóstico, que al igual que en los humanos consistirá en una serie de pruebas de laboratorio como toma de muestras de sangre, orina, rayos x, ultrasonido y tomografías entre otros. Un signo muy importante es la aparición de masas por debajo de la piel en el cuello, ingles y zona posterior de las rodillas, ya que ahí es donde se asientan los linfonodos que reaccionan de forma rápida ante una inflamación incluyendo el cáncer.

El médico veterinario, ya con el diagnóstico en mano, será la primer línea de manejo del ejemplar afectado con la complicidad del propietario, sin embargo, la función principal de ambos como equipo es el evitar el sufrimiento de la mascota por lo que entre ambos se realizará el manejo posterior al diagnóstico.

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